Después de un emocionante fin de semana disfrutando de Nürburgring, el domingo por la tarde poníamos rumbo a otro templo del automovilismo: Spa-Francorchamps.
En poco menos de dos horas dejábamos atrás el Nordschleife para llegar a Bélgica, donde nos esperaba una nueva aventura.
Tras hacer el check-in en el hotel nos fuimos directos a cenar a Le Palmarès, una parada obligatoria para cualquier apasionado del motor.
Llamarlo restaurante sería quedarse muy corto.
Nada más cruzar la puerta te recibe un motor V12 Lamborghini bajo tus pies, protegido por un grueso cristal. Levantas la vista y descubres un monoplaza colgado de la pared junto a fotografías de Niki Lauda y otras leyendas del automovilismo. A partir de ahí, cada rincón está repleto de cascos, monos, trofeos y recuerdos que cuentan décadas de historia de la competición.
Cuando crees que ya lo has visto todo, el personal te invita a subir a la planta superior. Y entonces entiendes por qué Le Palmarès es un auténtico lugar de culto. Cada sala es un pequeño museo donde resulta imposible dejar de mirar a un lado y a otro.
El lunes sonó el despertador muy temprano. Spa está a unos veinte minutos del circuito en coche y a las 7:15 debíamos reunirnos con todos los participantes para comenzar una jornada que prometía emociones fuertes. Y no defraudó.
La lluvia caía con intensidad desde primera hora y el agua empezaba a acumularse sobre el asfalto. Los mecánicos de RSR trabajaban contrarreloj cambiando los semislicks por neumáticos de calle con mayor capacidad de evacuación para garantizar la máxima seguridad.
Mientras tanto, disfrutábamos de café, fruta y bollería en la exclusiva zona chillout que RSR despliega dentro de uno de los boxes de Fórmula 1 del circuito. Un detalle que marca la diferencia y convierte la experiencia en algo muy especial desde el primer minuto.
A las ocho comenzaba el briefing en la sala de prensa. Allí repasamos todas las normas específicas del circuito y los procedimientos de seguridad. Al finalizar, cada participante recibe una pulsera que acredita su asistencia. Sin ella, el acceso a pista está completamente prohibido. Una norma sencilla, pero fundamental para que todos compartamos el circuito con las máximas garantías.
Antes de arrancar los motores llegó uno de los momentos favoritos del día: el Trackwalk. En él recorremos Spa-Francorchamps en nuestros coches de calle mientras Ron Simons, fundador y CEO de RSR, nos guía realizando varias paradas en puntos emblemáticos como Eau Rouge para explicar los secretos de cada curva y la trazada ideal.
Escuchar estas explicaciones sobre el propio circuito tiene un valor incalculable.
A las diez de la mañana se abrió el pit lane. Los más valientes salimos a pista bajo una lluvia intensa que levantaba enormes cortinas de agua en las rectas. La visibilidad era reducida y había que mantener siempre una buena distancia de seguridad.
Pero cuando estás pilotando un BMW M2 preparado por AC Schnitzer en Spa-Francorchamps, la lluvia deja de importar. En ese momento solo sientes que estás donde deseas estar.
Durante las dos primeras horas el agua fue la gran protagonista. Lejos de ser un inconveniente, las condiciones hicieron que cada vuelta resultara todavía más desafiante, técnica y emocionante.
Al mediodía hicimos una pausa para comer en la brasserie del circuito, situada sobre el edificio principal y con unas vistas privilegiadas a Eau Rouge y Raidillon.
Mientras disfrutábamos de la comida ocurrió algo que nadie esperaba. Las nubes desaparecieron y comenzó a brillar el sol.
Y, como si de un equipo de Fórmula 1 se tratase, los mecánicos comenzaron inmediatamente a montar de nuevo los semislicks en todos los coches para aprovechar las nuevas condiciones.
Después del café regresamos a la pista. Ahora todo había cambiado.
El asfalto seco permitía aumentar el ritmo, buscar referencias y disfrutar de la velocidad que hace de Spa uno de los circuitos más espectaculares del mundo.
Pero tres horas más tarde el cielo volvió a cambiar de opinión y la lluvia regresó con todavía más fuerza.
Todos los participantes habían completado ya todas sus vueltas, en las que mi hermano Luis y yo vamos sentados a la derecha para hacer instrucción, así que no lo dudamos ni un segundo. Nos pusimos los guantes, arrancamos cada uno un BMW M2 y salimos a pista disfrutar de lo que más nos gusta: conducir bajo la lluvia.
Mientras muchos pilotos desean que el asfalto permanezca seco, nosotros vivimos estos momentos como un regalo. La lluvia obliga a bajar el ritmo, pero multiplica las sensaciones.
Cada apoyo, cada aceleración y cada corrección enseñan algo nuevo. Son las condiciones perfectas para mejorar la técnica y seguir aprendiendo. Y eso es precisamente lo que más nos gusta de pilotar.
A las seis de la tarde terminó el trackday.
Aparcamos los coches en el pit lane, descorchamos unas botellas de champán y brindamos por otro día inolvidable mientras compartíamos anécdotas, risas y esos momentos que solo entienden quienes han vivido una jornada así.
Spa-Francorchamps volvió a regalarnos mucho más que kilómetros sobre el asfalto.
Nos llevamos nuevas amistades, nuevos aprendizajes y la satisfacción de haber compartido otra experiencia inolvidable con personas unidas por la misma pasión.
Porque al final no se trata solo de conducir. Se trata de vivir momentos que permanecen contigo mucho después de apagar el motor.
¡Si te gustaría formar parte del próximo Imarti Spa-Francorchamps Experience, no te lo pienses más y ponte en contacto con nosotros a través de info@imartimotorsport.com o mediante llamada o Whatsapp en el 692 068 069!